.
atención:
no hay pulso (solo algo así como el sonido de la lluvia en las palanganas del vertedero)
solo el alma de los maniquíes y de la piedra pómez
corazón que es todo esparadrapo
vieja caja de cambios
alternador y fusibles en buen estado
cañón de un ala torcida
pluma ennegrecida de la tinta
vean el cuerpo es un rastro de pérdidas
cuenca vacía y pulida del sexo
pespuntes de modista sobre los hombros (alguna aguja olvidada)
nada dentro del cráneo (aunque... oh una flor de papel de periódico!)
aquí anidaron varias veces los ángeles es evidente observen
un sillín de bici y un escapulario no tienen gran importancia
papeles viejos cartones de envolver sardinas trozos de red
desgarrones de gris por todo el cuerpo
y cosidos de todo tipo muy mal hechos
el aparato locomotor debía de funcionar mal muy mal
los labios en cambio fíjense guardan un color azul
(de Cajón de la maquinaria)
16/10/10
12/8/10
declaración universal de intenciones
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Y tomando sus pechos con ambas manos
y mirándola a los ojos le dijo:
Yo quiero hacerte primero la Revolución Francesa
y luego ya, si nos queda tiempo y ganas,
todo eso de la primavera y los cerezos.
Y tomando sus pechos con ambas manos
y mirándola a los ojos le dijo:
Yo quiero hacerte primero la Revolución Francesa
y luego ya, si nos queda tiempo y ganas,
todo eso de la primavera y los cerezos.
24/5/10
Clic
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Cuando el telón se alza el escenario está a oscuras. Apenas podrá advertirse un cable tendido de uno a otro extremo de la embocadura a una altura de metro y medio aproximadamente.
Por la derecha, sobre el cable, entra, cómo no, el consabido FUNAMBULISTA. Aparece solemne, vestido con una bata de japónica, y llevando una palmatoria encendida
Recorre la longitud del cable deteniéndose aquí y allí para encender un gran número de bombillas suspendidas a distintas alturas: clic, clic, clic, clic.
Cuando el FUNAMBULISTA alcanza el extremo izquierdo, el escenario ha quedado iluminado con un sinfín de bombillas, por lo que apaga su vela.
FUNAMBULISTA (susurrando, al público): me hice funambulista porque adoro las nubes. Pero me horroriza la oscuridad. Mi casa, que es la noche, tiene unos techos fastidiosamente altos. Buenas noches.
Sobre los ojos se coloca un antifaz para dormir, y sale.
Silencio.
Cae el
TELóN
.
Cuando el telón se alza el escenario está a oscuras. Apenas podrá advertirse un cable tendido de uno a otro extremo de la embocadura a una altura de metro y medio aproximadamente.
Por la derecha, sobre el cable, entra, cómo no, el consabido FUNAMBULISTA. Aparece solemne, vestido con una bata de japónica, y llevando una palmatoria encendida
Recorre la longitud del cable deteniéndose aquí y allí para encender un gran número de bombillas suspendidas a distintas alturas: clic, clic, clic, clic.
Cuando el FUNAMBULISTA alcanza el extremo izquierdo, el escenario ha quedado iluminado con un sinfín de bombillas, por lo que apaga su vela.
FUNAMBULISTA (susurrando, al público): me hice funambulista porque adoro las nubes. Pero me horroriza la oscuridad. Mi casa, que es la noche, tiene unos techos fastidiosamente altos. Buenas noches.
Sobre los ojos se coloca un antifaz para dormir, y sale.
Silencio.
Cae el
TELóN
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17/4/10
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Afirmo que la escena es un lugar físico y concreto que exige ser ocupado, y que se le permita hablar su propio lenguaje concreto. Afirmo que ese lenguaje concreto, destinado a los sentidos, e independiente de la palabra, debe satisfacer todos los sentidos; que hay una poesía de los sentidos como hay una poesía del lenguaje, y que ese lenguaje físico y concreto no es verdaderamente teatral sino en cuanto expresa sentimientos que escapan al dominio del lenguaje hablado.
Artaud. El teatro y su doble
.
Deseo que me lleven a los dioramas cuya magia brutal y enorme sabe imponerme una ilusión útil. Prefiero contemplar algunos decorados de teatro, en los que encuentro artísticamente expresados y trágicamente concentrados mis sueños más queridos. Estas cosas, por ser falsas, están infinitamente más cerca de la verdad: mientras que la mayor parte de nuestros paisajistas son mentirosos, justamente porque se han olvidado de mentir.
Charles Baudelaire, Salón de 1859
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Afirmo que la escena es un lugar físico y concreto que exige ser ocupado, y que se le permita hablar su propio lenguaje concreto. Afirmo que ese lenguaje concreto, destinado a los sentidos, e independiente de la palabra, debe satisfacer todos los sentidos; que hay una poesía de los sentidos como hay una poesía del lenguaje, y que ese lenguaje físico y concreto no es verdaderamente teatral sino en cuanto expresa sentimientos que escapan al dominio del lenguaje hablado.
Artaud. El teatro y su doble
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Deseo que me lleven a los dioramas cuya magia brutal y enorme sabe imponerme una ilusión útil. Prefiero contemplar algunos decorados de teatro, en los que encuentro artísticamente expresados y trágicamente concentrados mis sueños más queridos. Estas cosas, por ser falsas, están infinitamente más cerca de la verdad: mientras que la mayor parte de nuestros paisajistas son mentirosos, justamente porque se han olvidado de mentir.
Charles Baudelaire, Salón de 1859
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13/4/10
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Tímida luz solar y una sola nota de viola. Hay una nube blanca de cartón arrugado con una puertezuela verde en su centro. De la nube cuelga un hilo prácticamente invisible de no ser por las gotas de agua que por él se deslizan. El agua cae hasta un dedal de porcelana. Cuando el ojo de aquel que observa este diorama se retire del visor la portezuela verde hará ademán de abrirse, pero volverá a cerrarse nada más el ojo retorne a la mirilla.
(de Dioramas y Teatrinos)
Tímida luz solar y una sola nota de viola. Hay una nube blanca de cartón arrugado con una puertezuela verde en su centro. De la nube cuelga un hilo prácticamente invisible de no ser por las gotas de agua que por él se deslizan. El agua cae hasta un dedal de porcelana. Cuando el ojo de aquel que observa este diorama se retire del visor la portezuela verde hará ademán de abrirse, pero volverá a cerrarse nada más el ojo retorne a la mirilla.
(de Dioramas y Teatrinos)
5/4/10
Transfusión
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En el escenario podemos ver: un aro de fuego a la izquierda, un biombo negro a la derecha, y una camilla quirúrgica en el centro.
Por la derecha entra el MAGO: levita y sombrero de copa. Realiza unos movimientos mal ensayados para agradar al público y se coloca en el centro. Con gestos nos explica que su número consistirá, a falta de voluntarios, en el aserramiento de una de sus propias piernas. Debe hacerse patente que el MAGO no es más que un torpe principiante.
Se marcha tras el biombo y sonriendo vuelve con un pañuelo blanco y un serrucho un poco oxidado. Se sienta sobre la camilla y coloca el pañuelo sobre uno de sus muslos: se dispone a cortar su pierna izquierda.
Pierde la sonrisa. Mira su pierna, que todavía se mueve. Hace un poco de presión con el serrucho. Gesto de dolor en completo silencio. Se quita el sombrero de copa y se seca el sudor. De nuevo presión y breve balanceo del serrucho sobre el muslo. Gran gesto de dolor en silencio.
El MAGO hace otra pausa. Se seca el sudor con el pañuelo, se afloja la pajarita y se abre los últimos botones de la camisa. Se quita el zapato y comprueba la movilidad de los dedos del pie. Del bolsillo trasero del pantalón se saca una libreta que consulta nervioso. Repasa los elementos de su número: el serrucho, el pañuelo, la pierna. El serrucho, el pañuelo, la pierna.
Vuelve a guardar la libreta y procura respirar hondo. Toma aire y vuelve a hacer presión con el serrucho, balanceándolo otro poco. Hace un terrible gesto de dolor y suelta un alarido, y luego otro alarido aún más terrible. La sangre empapa el suelo.
El MAGO se marcha cojeando.
Muy rápido cae el
TELóN
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
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En el escenario podemos ver: un aro de fuego a la izquierda, un biombo negro a la derecha, y una camilla quirúrgica en el centro.
Por la derecha entra el MAGO: levita y sombrero de copa. Realiza unos movimientos mal ensayados para agradar al público y se coloca en el centro. Con gestos nos explica que su número consistirá, a falta de voluntarios, en el aserramiento de una de sus propias piernas. Debe hacerse patente que el MAGO no es más que un torpe principiante.
Se marcha tras el biombo y sonriendo vuelve con un pañuelo blanco y un serrucho un poco oxidado. Se sienta sobre la camilla y coloca el pañuelo sobre uno de sus muslos: se dispone a cortar su pierna izquierda.
Pierde la sonrisa. Mira su pierna, que todavía se mueve. Hace un poco de presión con el serrucho. Gesto de dolor en completo silencio. Se quita el sombrero de copa y se seca el sudor. De nuevo presión y breve balanceo del serrucho sobre el muslo. Gran gesto de dolor en silencio.
El MAGO hace otra pausa. Se seca el sudor con el pañuelo, se afloja la pajarita y se abre los últimos botones de la camisa. Se quita el zapato y comprueba la movilidad de los dedos del pie. Del bolsillo trasero del pantalón se saca una libreta que consulta nervioso. Repasa los elementos de su número: el serrucho, el pañuelo, la pierna. El serrucho, el pañuelo, la pierna.
Vuelve a guardar la libreta y procura respirar hondo. Toma aire y vuelve a hacer presión con el serrucho, balanceándolo otro poco. Hace un terrible gesto de dolor y suelta un alarido, y luego otro alarido aún más terrible. La sangre empapa el suelo.
El MAGO se marcha cojeando.
Muy rápido cae el
TELóN
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
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30/3/10
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En el salón bonapartino las lámparas brillan y las alfombras apagan cualquier murmullo. Por el gran ventanal abierto de par en par entra una luz masiva y se ve el gran gran cielo de Francia.
GENERAL FITZMAYER: hace un día espléndido, qué nubes tan maravillosas.
NAPOLEóN BONAPARTE (angustiado,inquieto): no llevo sujetador.
GENERAL FITZMAYER: bueno, no importa mientras tenga lo que debe de tener bien puesto. Los ingleses sucumbirán. El cielo de Francia prevalecerá.
NAPOLEóN BONAPARTE: cuando miro el cielo de Francia me entran ganas de hacer pipí. En cambio, cuando miro el cielo alemán siento que la barba me crece demasiado rápido y corro a afeitarme.
GENERAL FITZMAYER: nada que no se arregle con una hoja bien limpia y afilada.
NAPOLEóN BONAPARTE: !me duelen insoportablemente los oídos, y no llevo sujetador!.
(Napoleón se cae al suelo y comienza a boquear como un besugo fuera del agua)
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
En el salón bonapartino las lámparas brillan y las alfombras apagan cualquier murmullo. Por el gran ventanal abierto de par en par entra una luz masiva y se ve el gran gran cielo de Francia.
GENERAL FITZMAYER: hace un día espléndido, qué nubes tan maravillosas.
NAPOLEóN BONAPARTE (angustiado,inquieto): no llevo sujetador.
GENERAL FITZMAYER: bueno, no importa mientras tenga lo que debe de tener bien puesto. Los ingleses sucumbirán. El cielo de Francia prevalecerá.
NAPOLEóN BONAPARTE: cuando miro el cielo de Francia me entran ganas de hacer pipí. En cambio, cuando miro el cielo alemán siento que la barba me crece demasiado rápido y corro a afeitarme.
GENERAL FITZMAYER: nada que no se arregle con una hoja bien limpia y afilada.
NAPOLEóN BONAPARTE: !me duelen insoportablemente los oídos, y no llevo sujetador!.
(Napoleón se cae al suelo y comienza a boquear como un besugo fuera del agua)
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
24/3/10
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En escena hay un pequeño biombo a la izquierda, hay un barreño lleno de agua en el centro, y hay también un enorme haz de ramas secas a la derecha.
Saliendo de detrás del biombo aparece un arlequín desnudo, con la piel totalmente rombeada.
Se muestra, se despereza. Muestra las palmas de las manos hacia el público. Luego se mete de pie en el barreño de agua. Todas las luces se apagan: solo vemos los reflejos del agua sobre el cuerpo del arlequín, que vuelve a mostrar las palmas de las manos.
Un operario vestido de negro entra en escena y con un bisturí le corta las muñecas al arlequín, que comienza a sangrar. El mismo operario debe prender fuego al haz de ramas secas.
Al fondo, innumerables telones caen y se alzan a diferentes ritmos. Debe oirse aquí una hermosa música de consumación mientras el arlequín va palideciendo, tiembla, y acaba por desmayarse.
Una vez muerto cae el telón.
Cuando el telón sube de nuevo el escenario está completamente vacío. Un Pierrot blanquísimo muestra al público una bombilla, la coloca en el suelo y se marcha. Vuelve con un sombrero de copa cogido bajo el brazo y con la abertura hacia arriba. Se coloca frente al público, al borde del escenario, y mete una mano en el sombrero de copa, mano que sale llena de sangre y que se limpia en el traje. Repite la operación una y otra vez, manchándose todo el traje de sangre mientras la luz se pierde y muy lentamente va cayendo el
TELóN
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
En escena hay un pequeño biombo a la izquierda, hay un barreño lleno de agua en el centro, y hay también un enorme haz de ramas secas a la derecha.
Saliendo de detrás del biombo aparece un arlequín desnudo, con la piel totalmente rombeada.
Se muestra, se despereza. Muestra las palmas de las manos hacia el público. Luego se mete de pie en el barreño de agua. Todas las luces se apagan: solo vemos los reflejos del agua sobre el cuerpo del arlequín, que vuelve a mostrar las palmas de las manos.
Un operario vestido de negro entra en escena y con un bisturí le corta las muñecas al arlequín, que comienza a sangrar. El mismo operario debe prender fuego al haz de ramas secas.
Al fondo, innumerables telones caen y se alzan a diferentes ritmos. Debe oirse aquí una hermosa música de consumación mientras el arlequín va palideciendo, tiembla, y acaba por desmayarse.
Una vez muerto cae el telón.
Cuando el telón sube de nuevo el escenario está completamente vacío. Un Pierrot blanquísimo muestra al público una bombilla, la coloca en el suelo y se marcha. Vuelve con un sombrero de copa cogido bajo el brazo y con la abertura hacia arriba. Se coloca frente al público, al borde del escenario, y mete una mano en el sombrero de copa, mano que sale llena de sangre y que se limpia en el traje. Repite la operación una y otra vez, manchándose todo el traje de sangre mientras la luz se pierde y muy lentamente va cayendo el
TELóN
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
22/3/10
Elegía a una cebra de tiovivo
.
Ojos vacíos.
Dolor de clavar mondadientes.
Corazón de alambre y de luz y de pipí de niña
Columna vertebral: ortopedia para cabalgarte, infancia
Relincho que es el zumbido psicótico de la bombilla antes de estallar
un galopar de gaviota navegando en aguas de té
Doble espejo del mareo y de la luz estallando una y otra y otra vez
Allá arriba los paisajes de la nieve
luego los telones de madera y de fósforo
todos los calcetines de caballo
y el infierno rodante de una imprenta vacía ahí abajo
alto océano que es un amasijo de mugre
Peste a señora.
Música vienesa adherida a los párpados como el polvo del derribo
y una sed de lengua barnizada.
del proyecto Cajón de la maquinaria (2002-2003)
Ojos vacíos.
Dolor de clavar mondadientes.
Corazón de alambre y de luz y de pipí de niña
Columna vertebral: ortopedia para cabalgarte, infancia
Relincho que es el zumbido psicótico de la bombilla antes de estallar
un galopar de gaviota navegando en aguas de té
Doble espejo del mareo y de la luz estallando una y otra y otra vez
Allá arriba los paisajes de la nieve
luego los telones de madera y de fósforo
todos los calcetines de caballo
y el infierno rodante de una imprenta vacía ahí abajo
alto océano que es un amasijo de mugre
Peste a señora.
Música vienesa adherida a los párpados como el polvo del derribo
y una sed de lengua barnizada.
del proyecto Cajón de la maquinaria (2002-2003)
21/3/10
Diorama II
.
Ocupa la escena un mueble enorme, el delirio perfecto e imposible de un ebanista trastornado. No es retablo ni es un mueble-bar atrofiado, pero tiene innumerables tiradores y cajonerías desiguales. A ritmo de lentas campanadas el mueble irá mostrando la bondad de todos sus espacios vacíos, en una continua variación de volúmenes que entran y salen. Este armario mecánico revelará, finalmente, un hueco interior de mayor tamaño donde descansa, ingrávida, la escultura polícroma de un ángel sin manos ni pies y vuelto de espaldas. La figura ha sido representada con suma belleza, y vuelve una sonrisa confidente hacia el espectador.
Silencio.
Una campanada más grave anuncia y acciona el último resorte: la espalda del ángel se abre en sendas portezuelas a la altura de cada uno de los riñones, y en cada hornacina hay un inmaculado botellín de leche.
(de Dioramas y Teatrinos)
Ocupa la escena un mueble enorme, el delirio perfecto e imposible de un ebanista trastornado. No es retablo ni es un mueble-bar atrofiado, pero tiene innumerables tiradores y cajonerías desiguales. A ritmo de lentas campanadas el mueble irá mostrando la bondad de todos sus espacios vacíos, en una continua variación de volúmenes que entran y salen. Este armario mecánico revelará, finalmente, un hueco interior de mayor tamaño donde descansa, ingrávida, la escultura polícroma de un ángel sin manos ni pies y vuelto de espaldas. La figura ha sido representada con suma belleza, y vuelve una sonrisa confidente hacia el espectador.
Silencio.
Una campanada más grave anuncia y acciona el último resorte: la espalda del ángel se abre en sendas portezuelas a la altura de cada uno de los riñones, y en cada hornacina hay un inmaculado botellín de leche.
(de Dioramas y Teatrinos)
16/3/10
Diorama
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Hay un ángel detenido en el aire, pero únicamente podemos ver sus alas, su sombrero de copa, y la brida de cuero que lo retiene, como si alguien lo montara. A sus pies, en el suelo, un espejo. Un soldado de plomo entrará, tieso, tonto, y automático, y disparará su fusil hacia el ángel, cayendo sus partes (alas, sombrero, brida) en el interior del espejo.
(De Dioramas y Teatrinos)
Hay un ángel detenido en el aire, pero únicamente podemos ver sus alas, su sombrero de copa, y la brida de cuero que lo retiene, como si alguien lo montara. A sus pies, en el suelo, un espejo. Un soldado de plomo entrará, tieso, tonto, y automático, y disparará su fusil hacia el ángel, cayendo sus partes (alas, sombrero, brida) en el interior del espejo.
(De Dioramas y Teatrinos)
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