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En el salón bonapartino las lámparas brillan y las alfombras apagan cualquier murmullo. Por el gran ventanal abierto de par en par entra una luz masiva y se ve el gran gran cielo de Francia.
GENERAL FITZMAYER: hace un día espléndido, qué nubes tan maravillosas.
NAPOLEóN BONAPARTE (angustiado,inquieto): no llevo sujetador.
GENERAL FITZMAYER: bueno, no importa mientras tenga lo que debe de tener bien puesto. Los ingleses sucumbirán. El cielo de Francia prevalecerá.
NAPOLEóN BONAPARTE: cuando miro el cielo de Francia me entran ganas de hacer pipí. En cambio, cuando miro el cielo alemán siento que la barba me crece demasiado rápido y corro a afeitarme.
GENERAL FITZMAYER: nada que no se arregle con una hoja bien limpia y afilada.
NAPOLEóN BONAPARTE: !me duelen insoportablemente los oídos, y no llevo sujetador!.
(Napoleón se cae al suelo y comienza a boquear como un besugo fuera del agua)
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
24/3/10
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En escena hay un pequeño biombo a la izquierda, hay un barreño lleno de agua en el centro, y hay también un enorme haz de ramas secas a la derecha.
Saliendo de detrás del biombo aparece un arlequín desnudo, con la piel totalmente rombeada.
Se muestra, se despereza. Muestra las palmas de las manos hacia el público. Luego se mete de pie en el barreño de agua. Todas las luces se apagan: solo vemos los reflejos del agua sobre el cuerpo del arlequín, que vuelve a mostrar las palmas de las manos.
Un operario vestido de negro entra en escena y con un bisturí le corta las muñecas al arlequín, que comienza a sangrar. El mismo operario debe prender fuego al haz de ramas secas.
Al fondo, innumerables telones caen y se alzan a diferentes ritmos. Debe oirse aquí una hermosa música de consumación mientras el arlequín va palideciendo, tiembla, y acaba por desmayarse.
Una vez muerto cae el telón.
Cuando el telón sube de nuevo el escenario está completamente vacío. Un Pierrot blanquísimo muestra al público una bombilla, la coloca en el suelo y se marcha. Vuelve con un sombrero de copa cogido bajo el brazo y con la abertura hacia arriba. Se coloca frente al público, al borde del escenario, y mete una mano en el sombrero de copa, mano que sale llena de sangre y que se limpia en el traje. Repite la operación una y otra vez, manchándose todo el traje de sangre mientras la luz se pierde y muy lentamente va cayendo el
TELóN
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
En escena hay un pequeño biombo a la izquierda, hay un barreño lleno de agua en el centro, y hay también un enorme haz de ramas secas a la derecha.
Saliendo de detrás del biombo aparece un arlequín desnudo, con la piel totalmente rombeada.
Se muestra, se despereza. Muestra las palmas de las manos hacia el público. Luego se mete de pie en el barreño de agua. Todas las luces se apagan: solo vemos los reflejos del agua sobre el cuerpo del arlequín, que vuelve a mostrar las palmas de las manos.
Un operario vestido de negro entra en escena y con un bisturí le corta las muñecas al arlequín, que comienza a sangrar. El mismo operario debe prender fuego al haz de ramas secas.
Al fondo, innumerables telones caen y se alzan a diferentes ritmos. Debe oirse aquí una hermosa música de consumación mientras el arlequín va palideciendo, tiembla, y acaba por desmayarse.
Una vez muerto cae el telón.
Cuando el telón sube de nuevo el escenario está completamente vacío. Un Pierrot blanquísimo muestra al público una bombilla, la coloca en el suelo y se marcha. Vuelve con un sombrero de copa cogido bajo el brazo y con la abertura hacia arriba. Se coloca frente al público, al borde del escenario, y mete una mano en el sombrero de copa, mano que sale llena de sangre y que se limpia en el traje. Repite la operación una y otra vez, manchándose todo el traje de sangre mientras la luz se pierde y muy lentamente va cayendo el
TELóN
(de Teatro para telón y sombrero de copa)
22/3/10
Elegía a una cebra de tiovivo
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Ojos vacíos.
Dolor de clavar mondadientes.
Corazón de alambre y de luz y de pipí de niña
Columna vertebral: ortopedia para cabalgarte, infancia
Relincho que es el zumbido psicótico de la bombilla antes de estallar
un galopar de gaviota navegando en aguas de té
Doble espejo del mareo y de la luz estallando una y otra y otra vez
Allá arriba los paisajes de la nieve
luego los telones de madera y de fósforo
todos los calcetines de caballo
y el infierno rodante de una imprenta vacía ahí abajo
alto océano que es un amasijo de mugre
Peste a señora.
Música vienesa adherida a los párpados como el polvo del derribo
y una sed de lengua barnizada.
del proyecto Cajón de la maquinaria (2002-2003)
Ojos vacíos.
Dolor de clavar mondadientes.
Corazón de alambre y de luz y de pipí de niña
Columna vertebral: ortopedia para cabalgarte, infancia
Relincho que es el zumbido psicótico de la bombilla antes de estallar
un galopar de gaviota navegando en aguas de té
Doble espejo del mareo y de la luz estallando una y otra y otra vez
Allá arriba los paisajes de la nieve
luego los telones de madera y de fósforo
todos los calcetines de caballo
y el infierno rodante de una imprenta vacía ahí abajo
alto océano que es un amasijo de mugre
Peste a señora.
Música vienesa adherida a los párpados como el polvo del derribo
y una sed de lengua barnizada.
del proyecto Cajón de la maquinaria (2002-2003)
21/3/10
Diorama II
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Ocupa la escena un mueble enorme, el delirio perfecto e imposible de un ebanista trastornado. No es retablo ni es un mueble-bar atrofiado, pero tiene innumerables tiradores y cajonerías desiguales. A ritmo de lentas campanadas el mueble irá mostrando la bondad de todos sus espacios vacíos, en una continua variación de volúmenes que entran y salen. Este armario mecánico revelará, finalmente, un hueco interior de mayor tamaño donde descansa, ingrávida, la escultura polícroma de un ángel sin manos ni pies y vuelto de espaldas. La figura ha sido representada con suma belleza, y vuelve una sonrisa confidente hacia el espectador.
Silencio.
Una campanada más grave anuncia y acciona el último resorte: la espalda del ángel se abre en sendas portezuelas a la altura de cada uno de los riñones, y en cada hornacina hay un inmaculado botellín de leche.
(de Dioramas y Teatrinos)
Ocupa la escena un mueble enorme, el delirio perfecto e imposible de un ebanista trastornado. No es retablo ni es un mueble-bar atrofiado, pero tiene innumerables tiradores y cajonerías desiguales. A ritmo de lentas campanadas el mueble irá mostrando la bondad de todos sus espacios vacíos, en una continua variación de volúmenes que entran y salen. Este armario mecánico revelará, finalmente, un hueco interior de mayor tamaño donde descansa, ingrávida, la escultura polícroma de un ángel sin manos ni pies y vuelto de espaldas. La figura ha sido representada con suma belleza, y vuelve una sonrisa confidente hacia el espectador.
Silencio.
Una campanada más grave anuncia y acciona el último resorte: la espalda del ángel se abre en sendas portezuelas a la altura de cada uno de los riñones, y en cada hornacina hay un inmaculado botellín de leche.
(de Dioramas y Teatrinos)
16/3/10
Diorama
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Hay un ángel detenido en el aire, pero únicamente podemos ver sus alas, su sombrero de copa, y la brida de cuero que lo retiene, como si alguien lo montara. A sus pies, en el suelo, un espejo. Un soldado de plomo entrará, tieso, tonto, y automático, y disparará su fusil hacia el ángel, cayendo sus partes (alas, sombrero, brida) en el interior del espejo.
(De Dioramas y Teatrinos)
Hay un ángel detenido en el aire, pero únicamente podemos ver sus alas, su sombrero de copa, y la brida de cuero que lo retiene, como si alguien lo montara. A sus pies, en el suelo, un espejo. Un soldado de plomo entrará, tieso, tonto, y automático, y disparará su fusil hacia el ángel, cayendo sus partes (alas, sombrero, brida) en el interior del espejo.
(De Dioramas y Teatrinos)
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